Chile es un país sufridor en términos futbolísticos.
Nunca ha ganado nada con su selección y el nivel de expectativa de sus
aficionados varía tan drásticamente cada vez que juega que se podría
medir en un barómetro tan largo como su propio territorio
Eterna deuda
Chile, junto a Ecuador y Venezuela, son los únicos países que jamás ha podido alzar una Copa América.
Peor aún, jamás ha salido campeón en un torneo de fútbol continental,
en ninguna de sus categorías, ni infantil, ni juvenil, ni femenino.
Las razones son varias, desde el desorden interno hasta la falta de
una generación excepcional en todos los sectores del campo. Nunca pudo
sacar provecho a su condición de local y las escasas oportunidades en
las que llegó a una final terminó perdiéndola: frente a Argentina en
1955, contra Paraguay en 1979 (en partido extra de definición en cancha
neutral) y ante Uruguay en 1987, en la Copa América de Argentina.
"Es algo que sólo se puede explicar desde la mente. Ni la suerte ni la categoría han sido factores para justificar esas derrotas", explica Elías Figueroa, uno de los mejores defensas de la historia.
La mente es algo que precisamente parece haber cambiado la actual
generación de futbolistas. Son jugadores que están triunfando en el
fútbol internacional y reciben elogios en cualquier rincón del planeta.
Alexis Sánchez y Arturo Vidal son los referentes de un grupo que ha
crecido ilusionando un país, desde aquel agónico empate contra Brasil en
el sudamericano sub20 de Paraguay en 2007, el tercer puesto mundialista
en Canadá ese año y las clasificaciones a las Copas del Mundo de
Sudáfrica y Brasil.
Si juntamos al hecho de que juegan en su casa y con un sorteo
favorable -líderes en un grupo asequible y todos sus partidos en
Santiago- el equipo dirigido por el argentino Jorge Sampaoli podría
estar tal vez ante la mejor oportunidad de romper el maleficio.
El problema es que Chile ya vivió una situación similar y fue el desenlace de aquel torneo lo que marcó para siempre su fútbol.
La ilusión de 1955
"Sólo una vez antes en su historia Chile llegó a una Copa América con
tanta esperanza y estuvo tan cerca de ganar el torneo", recordó en BBC
Mundo el reconocido periodista deportivo Aldo Schiappacasse, quien
realizó un trabajo de investigación sobre lo que pasó hace 60 años.
"Fue el 30 de marzo de 1955 cuando, con una de las mejores delanteras
de todos los tiempos, la selección chilena llegó al partido final
contra la Argentina de Labruna con la ventaja del empate. La euforia que
generó ese equipo y el sueño de ganar el Sudamericano terminaron en
tragedia", contó Schiappacasse.
El periodista enumeró a los protagonistas de aquel equipo dirigido por Luis Tirado.
"La Roja tenía un virtuoso centrocampista, Enrique Hormazábal
(apodado "el Cuá Cuá") que abastecía a un habilidoso puntero, Manuel
Muñoz, y a dos temibles goleadores, René Orlando Meléndez y Jorge
Robledo"
"Con juego ofensivo y espectacular, el equipo no sólo goleó a
Ecuador, Perú y Paraguay, sino que tras empatar con Uruguay se perfiló
con el favorito para el pleito final".
Pero la ilusión de todo el país se apagó en pocos minutos.
"Miles llegaron hasta el estadio Nacional de Santiago para ver el
duelo. Presionando para ingresar, los aficionados se exaltaron cuando
por los altoparlantes se informó que ya no quedaban entradas a la venta y
corrieron despavoridos cuando la policía hizo debutar el flamante carro
lanza-agua recién adquirido. El resultado fue desastroso: siete
personas muertas aplastadas contras las rejas y decenas de heridos de
gravedad".
"Las autoridades decidieron jugar igual la final, que ganó Argentina
por uno a cero con gol de Michelli. La tristeza de la derrota fue
inmensa, pero no podía compararse con la devastación que provocaron las
muertes de los aficionados, en lo que hasta hoy es la peor tragedia
ocurrida en un estadio de fútbol en el país".
Una larga cicatrización
Ese hecho marcaría a fuego la historia de la selección chilena en los
torneos continentales, donde transitó siempre entre la ilusión
desbordada y el desencanto profundo.
Esta misma escuadra –reforzada con el debutante puntero izquierdo
Leonel Sánchez- compartiría el segundo lugar al año siguiente en el
Sudamericano de Montevideo.
Una generación brillante que se disolvería en 1957, cuando en Lima
incurrió en actos de indisciplina que significaron sanciones para varios
jugadores, lo que mermó las posibilidades del equipo en las
clasificatorias para el Mundial de Suecia.
La crisis fue necesaria para enmendar rumbos, ya que a partir de ese
momento comenzó el proceso encabezado por Fernando Riera que culminaría
con el tercer lugar en el Mundial de 1962, jugado en canchas chilenas.
Sin embargo, el fútbol chileno no pudo aprovechar ese resultado para conseguir una regularidad y títulos internacionales.
Desde entonces han surgido grandes jugadores como Elías Figueroa,
Carlos Caszely, Patricio Yáñez, Iván Zamorano o Marcelo Salas, pero cada
vez que se han acercado a la cima del fútbol sudamericano han vuelto a
caer estrepitosamente.
El denominador común en la mayoría de los casos ha sido la falta de disciplina.
Ocurrió tras los subcampeonatos de la Copa América en 1979 y 1987 y tras la clasificación al Mundial de 1998.
"Kamikazes"
En 2002 Chile llegó a ubicarse en el puesto 84 de la clasificación de
la FIFA y no fue hasta la aparición de la actual generación de
jugadores que pudo ascender y permanecer en la élite del fútbol.
De los últimos siete años, la Roja se ha ubicado en seis entre la 20
mejores selecciones del mundo, gracias primero al trabajo de Marcelo
Bielsa y ahora de Sampaoli, quien ha administrado la herencia de su
compatriota.
El técnico declaró antes del inicio del torneo que "Chile jugará esta
Copa América con 11 kamikazes. 11 fanáticos que se jugarán la vida por
la camiseta" en un discurso discordante con su intención de no generar
expectativas desmesuradas.
Entre la afición nadie parece dispuesto a moderar el sueño de la Copa
América, aun sabiendo el peso que eso significa en los hombros de unos
jugadores a quienes sólo les vale ganar y dejar atrás un siglo de
frustraciones y derrotas dolorosas.
"No creo que todavía pueda ser considerada la mejor generación. Cuando ganas algo es que puedes ser considerada la mejor", declaró a la BBC Figueroa.
"En el 62 fuimos terceros. Ellos todavía tienen algo que probar. Es
una generación con muy buenos jugadores, todos juegan en Europa, pero
deben ganar algo. Yo dejé un legado para todos ya que fui elegido tres
veces el mejor jugador en Sudamérica. Si ellos ganan algo, perfecto".
El siguiente obstáculo para alcanzar el objetivo es Uruguay, el
verdugo en la final de 1987, el que ha eliminado a cuatro países
anfitriones en los últimos 11 torneos y al que Chile no le ha podido
ganar en 32 años en el campeonato sudamericano.
Esta vez, la promesa es que Chile contará con once kamikazes para
lograr, no sólo el triunfo contra la Celeste, sino su primer título
continental.